Durante muchos años ha existido la creencia de que los niños no deben hacer pesas. Hoy en día hay mucha gente que piensa que los gimnasios deben estar reservados a los adultos.

Esta creencia se basa en la idea de que el esfuerzo realizado en los gimnasios será dañino para los niños, especialmente para su crecimiento. Pero hace ya más de 30 años que el entrenamiento de fuerza está presente en las guías y recomendaciones de actividad física (link) y se sabe que no perjudicará su crecimiento.

Otra justificación para restringir el gimnasio a los niños es su peligrosidad. Se piensa que la realización de estas actividades supone un riesgo, pero realmente las investigaciones muestran una tasa de lesiones mucho más baja que la de deportes como fútbol, rugby, baloncesto, etc., donde existen contacto físico y acciones a alta velocidad.

Desde un punto de vista evolutivo, no tiene mucho sentido que los niños no puedan hacer ciertos esfuerzos físicos. Hace miles de años, el simple juego suponía una actividad física considerable. En cambio, hoy en día, la mayor parte del día lo pasan sin moverse. Las actividades de ocio, la escuela, el transporte… todo es menos costoso físicamente. Y esto no puede favorecer el desarrollo de unos seres humanos que durante miles de años han evolucionado moviéndose.

Con este post pretendo sacaros esa idea de la cabeza y exponeros varios beneficios que los niños recibirán si entrenan fuerza. Antes, quiero dejar claro que me estaré refiriendo a un entrenamiento de fuerza supervisado por un profesional, realizado de manera adecuada en cuanto a las técnicas y cargas programadas. Un entrenamiento mal ejecutado es peligroso no solo para un niño, sino para cualquier persona.

Vamos con los beneficios.

  • Mejora de la fuerza. Evidentemente, se incrementa la capacidad de aplicar fuerza. La ganancia de masa muscular no es importante en estas edades, pero el aumento de la fuerza sí puede serlo. Con todo lo que implica ser más fuerte: ser más capaz, ser menos frágil y vulnerable.
  • Mejora de la composición corporal. Se reduce el porcentaje de grasa y aumenta el de masa libre de grasa.
  • El perfil lipídico de la sangre también cambia para bien, y asociado al descenso de % graso, se reducen los riesgos cardiovasculares.
  • Se produce un perfeccionamiento de las habilidades motoras. Usando ejercicios multiarticulares (sentadilla, press, peso muerto…) el niño aprenderá a moverse, a disociar articulaciones y a controlar su postura. Por ejemplo la bisagra de cadera (el movimiento principal en un peso muerto) es un movimiento muy útil y necesario pero que no todos saben ejecutar.

  • El rendimiento físico y deportivo mejorarán. Capacidades como el salto, el sprint y el cambio de dirección se verán favorecidas por una mayor fuerza.
  • Aumento de la densidad ósea. Durante la infancia se produce un desarrollo importante de los huesos, y es el mejor momento para incrementar su densidad. Mediante el entrenamiento de fuerza logramos esto también. Se sabe que cuando el aumento de la densidad ósea se produce en edad temprana, es sostenible en el tiempo. En cambio, cuando se produce a edades avanzadas, se requiere mantener el estímulo (entrenamiento) para no perder la densidad ganada.
  • Se hipertrofian/engrosan los ligamentos, como el ligamento cruzado anterior, tan frecuente su lesión en deportistas hoy en día.
  • Se reduce el riesgo de lesión en el gimnasio y fuera de él. Y se acelera la recuperación en el caso de que las hubiera.
  • Beneficios psicológicos, derivados de una mejora de la autoestima, de la imagen corporal y de la autoconfianza. En un mundo donde los niños cada vez tienen más dependencia de la opinión de los demás para generar su propio valor, verse capaz y ver su progreso puede ayudar a creer más en sí mismo y a no depender tanto de la opinión de otros.

Frente a todos estos beneficios, los riesgos para los niños se asocian a una práctica no asesorada por un profesional, a usos indebidos del material y a esfuerzos máximos.

Por tanto, si bien soy partidario de que los niños pasen varias horas semanales jugando (no a la videoconsola), considero que buscar esfuerzos de mayor intensidad, en movimientos poco habituales hoy en día (press o sentadilla profunda), les hará mucho bien.

Espero que ahora no sigas pensando que los niños no deben tocar una pesa. Más bien lo contrario.