Como vimos en el post sobre entrenamiento de fuerza y salud, a partir de los 30 años edad comenzamos a perder masa muscular. Esta pérdida se acrecienta a partir de los 50 años, siendo del 5 al 10% por década.

Este fenómeno de pérdida de masa muscular se define como sarcopenia, la cual deriva en una serie de eventos que resultan nefastos para nuestra salud. El descenso de la masa muscular contribuye a un deterioro de la fuerza máxima y de la fuerza explosiva, lo que nos dirige a una caída de la capacidad funcional, esto es, nuestra independencia.

Pero ¿qué causa la sarcopenia? ¿Qué procesos hacen que perdamos masa muscular cuando envejecemos?

Teniendo un origen multifactorial, ya se han establecido los más influyentes en el descenso de masa muscular:

  • Desuso, inactividad. Lo que no se usa se pierde. El músculo es un bien preciado y lujoso, caro de mantener. Si no lo usas, tu cuerpo lo eliminará para ahorrar costes. La vida sedentaria actual, acentuada al envejecer, la sobreprotección de nuestros ancianos porque no queremos que se hagan daño, etc. ¿cuántas veces has visto que el anciano que NECESITA moverse es el que mejor lo hace?
  • Nutrición. Al envejecer solemos ingerir menos calorías, perdemos peso en forma de masa magra. La ingesta de proteínas suele ser insuficiente. Si existen problemas dentales, se suma una dificultad para la masticación de carnes.
  • Endocrinos. Un descenso de hormonas anabólicas basales como testosterona, hormona del crecimiento e IGF-1, y aumento de citoquinas proinflamatorias que inclinan la balanza hacia la degradación proteica.
  • Estrés oxidativo elevado, conduciendo a un estado catabólico (pérdida de músculo).

En última instancia, todo lo analizado confluye en:

  • Una pérdida de fibras nerviosas que inervan fibras musculares.
  • Descenso del número de fibras musculares y del tamaño de las mismas
  • Aumento del tejido graso y conectivo intramuscular. Empeora la calidad muscular.
  • Peor inhibición antagonista, lo que provoca un peor rendimiento en acciones rápidas.

En última instancia, lo que podemos observar es un descenso de la fuerza máxima y de la fuerza explosiva. Estas dos cualidades son imprescindibles en nuestro día a día.

Si no poseemos la fuerza necesaria para coger las bolsas de la compra, necesitaremos ayuda para hacerlo.

Si no poseemos la fuerza explosiva necesaria para corregir un tropezón o para levantarnos de la silla, necesitaremos ayuda para hacerlo.

En definitiva, perdemos nuestra independencia y todo lo que conlleva eso.

Todo esto es prevenible y reversible.

Si empiezas a entrenar a temprana edad, estos cambios te afectarán en menor medida. Quizá la siguiente afirmación te haga reflexionar:

El hecho de NO haber experimentado un óptimo desarrollo durante la plenitud de la vida (como por ejemplo tener poca masa ósea o escaso volumen muscular) puede FAVORECER el deterioro más temprano.”

Si ya eres anciano, nunca es tarde para mejorar. Hay multitud de estudios que muestran mejorías en personas de edad avanzada.

En el siguiente post estudiaremos qué armas tenemos para combatir la sarcopenia y el deterioro provocado por el envejecimiento, y qué podemos esperar de ellas.